J como Judía
La Cocina de Ziryâb de Farouk Mardam-Bey
Editorial Zendrera Zariquiey
   


Hablando de la lubiyâ, hacia finales del siglo Xi, Abu al-Jayr de Sevilla, autor del Guide des plantes à l'usage du médecin, nos dice que él mismo en persona conoció once variedades. Sin embargo, ninguna podía ser de la familia de los Phaseolus vulgaris, que hoy llamamos "judía", y por una buena razón: ésta nos llegó de América, en el siglo XVI, junto con el tomate y la patata, y luego le hicieron falta más de dos siglos para ser aceptada en Europa, y luego al sur y al este del Mediterráneo. ¿ Qué entendía pues Abr al Cari por ulvilla? Sin duda otras leguminosas, especialmente los dólicos, de los que habían tratado Razés y Avicena, y antes que ellos Dioscórides.

Lo que complica un poco las cosas, es que todas estas legumbres se parecen en muchos aspectos. Unas y otras son vainas que se desgranan, y los granos de lubiyâ, tal y como las describe Abu al-Khaayr, tienen a veces al igual que las judías de origen americano, la forma de un riñón. Más aún, existen lubiyâ' que se pueden consumir verdes, por lo tanto enteras, la vaina con los granos, exactamente como los tirabeques. Eran muy apreciadas, según nos dice Ibn al-Baytâr, por sus virtudes diuréticas, pero también se sabía prepararlas en platos sabrosos, tanto en Oriente como en España. Ibn al'Adîm de Alepo, por ejemplo, realzaba su verdor con ceniza o con una solución alcalina y las perfumada con alcaravea y cilantro. Después de la cocción, añadía zumo de limón, o zumo de granada, o agraz, o zumaque...

Otras similitudes entre los dólicos y las judías: cuando están secos y se ven obligados a permancer en la barriga, expresan su malhumor con una voz atronadora. Pero, según Razés, la ajedrea, así como el comino, las hacen mucho más corteses.