L como Lentejas
La Cocina de Ziryâb de Farouk Mardam-Bey
Editorial Zendrera Zariquiey
   


En ocasiones se menciona un hadîth según el cual las lentejas fueron bendecidas por setenta profetas.
Pero el gran jurisconsulto hanbalí Ibn Qayyim al-Jawziyya, en su Médecine du Prophète, afirma que se trata de un hadîth apócrifo, citando un desmentido mordaz del tradicionalista que lo habría oído y transmitido por primera vez. Siento, sin embargo, que este venerable doctor en Leyes, a pesar de su sabia demostración, no se haya interesado un poco más por el caso de este hombre que dio un paso en falso, amante de las lentejas hasta el punto de sacrificarles su reputación en este mundo y la salvación de su alma en el más allá.

Si se piensa bien, nadie a través de la historia habrá manifestado tanta solicitud hacia la más menuda de las legumbres. Ya que si Esaú por lo que cuenta la Biblia, cambió su derecho de primogenitura por un plato de lentejas, no se trataba por su parte, de un acto deliberado pues estaba muerto de hambre. Si los filósofos cínicos de Atenas apreciaban tanto la frugalidad de las lentejas, evidentemente era por cinismo. Y si en Roma el emperador sirio Heliogábalo, el más desenfrenado de todos, mezclaba sus lentejas con piedras preciosas, era para que Antonin Artaud, diecisiete siglos después, pudiera calificarlo de "anarquista coronado". Únicamente nuestro falsario anónimo quería defender la causa de las lentejas, actitud tanto más audaz cuanto que todos los médicos de su época, incluso los más perspicaces, se habían coligado contra ellas, sospechando que, a veces, espesaban la sangre, otras engendraban afecciones atrabiliarias, incluso provocaban el cáncer.

Por suerte, ni estos médicos, ni estos juristas lograron apartar a nuestros antepasados de sus mujaddara, rachta y "adasiyya, platos que han llegado hasta nosotros. El primero hoy combina las lentejas con arroz o con burghol, el segundo con las pastas, el tercero, bajo otro nombre, con las acelgas, y todo resulta muy acertado desde un punto de vista dietético, y también gastronómico. En cuanto a mezclar lentejas y namaksud, es decir carne salada, que los mismos médicos condenaron enérgicamente, sabemos que ha triunfado en otras latitudes y no hay motivos para que no sea así entre nosotros. A condición, claro está, de sustituir el cerdo por cordero.