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El garbanzo,
una legumbre noble y a la vez popular, con historia propia,
es un ingrediente importante de la gastronomía
de la ciudad de Pisa.
Cuenta la leyenda que en el año 1284, en el curso
de la batalla de la Meloria, tras ser capturados por
los genoveses, los pisanos pasaron mucho tiempo en las
bodegas de los barcos enemigos, donde estuvieron a punto
de perecer por inanición. Fue para ellos una suerte
que en esas mismas bodegas transportaran sacos de garbanzos
remojados en agua de mar. Los pisanos se sirvieron de
esta legumbre para calmar los retortijones de hambre
y lograron sobrevivir. Para recordar este providencial
rescate, la especialidad típica de la zona, llamada
cecina (término derivado de cece, que significa
garbanzo) se conocía también como «el
oro de Pisa».
Se trata de un plato sencillo, preparado con harina de
garbanzos, agua, sal y aceite, que se cuece en horno
de leña, en grandes placas. El garbanzo (Cicer
arietinum) es una de las legumbres más antiguas.
Se origina probablemente de dos especies distintas (C.
echinospermum y C. reticulatum) autóctonas del
sureste de Turquía. Las excavaciones de Hacilar,
en Turquía, han permitido encontrar restos de
Cicer silvestre que datan de hace cinco mil años.
En Irak se han hallado vestigios del cultivo de garbanzos
de la Edad de Bronce (3300 a.C.). En Egipto, han salido
a la luz documentos escritos que demuestran la existencia
de esta legumbre en el valle del Nilo entre 1580 y 1100
a.C. El nombre de Cicer proviene del término griego
kikus, que significa fuerza, poder, tal vez atribuibles
a las propiedades afrodisíacas y al gran valor
nutritivo de esta legumbre. En Grecia, en la época
de Homero, se conocía como Erébintos o
Krios, referencia a su forma de cabeza de carnero. El
nombre de arietinum, utilizado por primera vez en su
clasificación botánica por Columella, por
Plinio y, posteriormente, por Linneo, describe la forma
de la semilla, que recuerda vagamente la cabeza de un
carnero.
En la antigua Roma, las legumbres eran muy apreciadas,
hasta tal punto que muchas familias nobles eran bautizadas
con sus nombres. Un ejemplo, el nombre de la gens Fabia,
a la que pertenecían Aníbal y Quintiliano,
derivaba de fava o haba, mientras que la familia de los
Calpurnia Pisón, autores de un famoso complot
contra Nerón, debían su nombre a los guisantes
o pisum. Las lentejas prestaron el suyo a la familia
de los Lentulo, a la que perteneció el cónsul
que hizo lo imposible por que su querido amigo Cicerón
regresara del exilio en el año 58 a.C. Por último,
Cicerón, el gran escritor romano de Arpino, debe
su nombre al garbanzo, llamado cicer en latín.
La gens Tulia, familia de Marco Tulio, consideraba un
honor el que su cognomen derivara de una planta tan importante.
La planta, de 40 a 60 centímetros de alto, tiene tallos ramificados en
la base, y en su parte superior, se caracteriza por la presencia de pelos glandulares
que secretan una sustancia irritante, rica en ácidos oxálico y
málico. Las flores son blancas, rosadas o moradas. Las vainas del garbanzo,
globosas y de color rojizo, contienen dos o tres semillas. El garbanzo es la
tercera legumbre más cultivada en todo el mundo, después de la
soja y la judía. Su producción alcanza aproximadamente los 9 millones
de toneladas. Se cultiva principalmente en Asia, de donde procede el 91% de la
producción mundial. En Europa, el cultivo de esta legumbre comenzó a
disminuir en 1950; en Italia, las más de 110.000 hectáreas dedicadas
en 1950 a esta legumbre, se redujeron a poco más de 3000 entre 1992 y
1996, aunque en 1999 la superficie cultivada aumentó a más de 4000
hectáreas, una leve recuperación debida, especialmente, a la revalorización
dentro del campo de la nutrición de ingredientes vegetales que habían
perdido la importancia alcanzada en otras épocas, como es el caso de las
legumbres.
La fama de alimento fortificante de la que goza el garbanzo, y que se refleja
en su nombre, se asienta en hechos comprobados, puesto que aporta elementos nutritivos.
El garbanzo contiene un 63% de hidratos de carbono y fibra, alrededor del 20-25%
de proteína y, además, contiene calcio, fósforo, hierro,
vitaminas y aminoácidos esenciales como la tiamina, la riboflavina y el
triptofano, todos ellos elementos que permiten sobrevivir en condiciones extremas,
tal como ocurrió hace siglos con los prisioneros pisanos mencionados al
principio.
La versatilidad de esta planta queda demostrada por sus múltiples usos.
En la India, las partes verdes de los tallos se toman hervidas, como las espinacas.
Las hojas se emplean para preparar decocciones refrescantes. Resulta curioso
que, pese a que las demás partes de la planta, como los brotes y las hojas,
sean adecuadas para el consumo humano, su alto contenido de ácidos hace
que sólo se empleen como forraje para los animales; la paja se utiliza
sobre todo para hacer yacijas, mezcladas con la de los cereales. El garbanzo
puede consumirse en cuanto se recoge, cuando todavía está verde,
pues resulta un tentempié excelente (en la actualidad, no es tan habitual
tomarlo de este modo, debido a la gran variedad de tentadoras golosinas existentes
en el mercado) o bien seco. En este último caso, se puede comer tostado,
como sustituto del café, o molido en forma de harina. La mezcla de harina
de garbanzo y cebada se conoce con el nombre de farinella.
La harina de garbanzo suele mezclarse con otras, como la de cacahuete y sésamo,
para aumentar su valor biológico, pues pese a que el garbanzo tiene un
alto contenido de ácidos esenciales, carece de metionina y triptofano.
La harina se emplea también en la preparación de un plato cuyo
nombre varía según las regiones: en Pisa se llama cecina, en Palermo,
panelle y en Piamonte, farinata. El garbanzo germinado contiene el doble de vitamina
C que el seco, característica que resulta utilísima en el tratamiento
de avitaminosis. Últimamente se viene hablando de las ventajas de una
dieta a base de garbanzos, pues contribuye a bajar los niveles de colesterol,
efecto que queda neutralizado con facilidad al añadirse mantequilla u
otros ingredientes animales que aumentan el colesterol.
Extraído de:
Giorgio Calabrese,
profesor de Dietética de la Universidad Católica
S. Cuore de Piacenza Caterina Calabrese; experto en alimentación
y dietética.
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